






Bonita mañana.









¡Nuevo año! Sé que ya ha pasado bastante tiempo desde que no me he detenido a escribir por aquí. Supongo que volví a mi ser old fashioned, a eso de escribir en papel -juro que de ser por mí hasta lo haría en máquina de escribir.
El punto es que hoy estuve pensando muchas cosas. Reflexioné acerca de mi persona y los cambios que he tenido durante mi estancia aquí.
Es incluso sorprendente darme cuenta que ya tengo cinco meses viviendo en este país. ¿Cómo me siento? Vaya qué es una buena pregunta. Supongo que soy la única que me pregunta cómo me siento.
Resulta que no hay día en que no extrañe a mi familia. No hay día en el cual no me pierda imaginando cómo sería estar con ellos en este momento. Tampoco hay día alguno en el que no piense en lo mucho que amo México, en cada lugar favorito, cada comida, cada recuerdo, TODO! Sin embargo, no hay día en el que no me sienta orgullosa de lo que he hecho, de lo que he cumplido y de la mujer en la que me he convertido.
No ha sido nada fácil. Eso nadie lo sabe, nadie se lo pregunta, o mejor dicho, nadie me lo pregunta. Pero sí, es verdad: no ha sido fácil. Se necesita de mucho coraje y fortaleza para estar en una situación en la que estoy. Y heme aquí, viviendo simplemente el momento. Viviendo cada día con sus cosas buenas y sus cosas malas. Aprendiendo, sonriendo, conociendo.
Hace un par de semanas una persona me dijo: “Aún no puedo creer que estés allá y no extrañes a tu familia”. En ese momento sentí un impulso de decirle “No sabes lo que siento. Que esté aquí no significa que no extrañe, así que no te corresponde suponer cosas de mi vida” Pero después de un momento me di cuenta que no valía la pena. No importa que la gente suponga. No importa que a veces esté impaciente por platicar con alguien de cómo me siento y no tenga con quien. No importa que la gente no entienda. No importa que nadie venga y me pregunte ¿cómo te sientes, Diana? No importa. Simplemente no importa porque yo sé lo que siento, lo que pienso y cómo vivo.
Después, debo de admitir que también he tenido mis altibajos. Sobre todo empezando este año me dio por sentir esa urgencia de saber qué pasará. Me da tanto miedo pensarlo. ¿Es normal? Yo creo que lo es. Por primera vez en la vida empecé un nuevo año sin mi lista de metas por cumplir. Sé que las tengo. Sé que hay muchas cosas que quiero y que cada día voy a por ello, sin embargo estoy más en el plan de “dejar todo fluir”. Pienso que es mejor dejar que todo se vaya dando, pero al mismo tiempo ir manipulando mi camino conforme voy tomando decisiones. Lo que es para mí que sea y se quede, lo que no es, que se vaya. Así es como pienso.
En fin, abordando el meollo del asunto, dejaré una lista nuevamente de los cambios que he visto en mí.
1. Mi ser libre, independiente. 2. Café, café, café. 3. Un poco más desordenada. -Solo un poco. Supongo que mi mundo es un perfecto caos. 4. Adrenalina, emoción por las alturas. 5. Hiker! 6. Mi cabello es más largo, y un par de kilos de más. 7. Alma bonita y radiante.



Ya no he escrito regularmente. A veces me cuesta encontrar el tiempo perfecto para sentarme, pensar, y simplemente escribir o publicar una publicación más. Es irónico porque, si alguien me pregunta qué es lo que me mantiene despierta a altas horas de la noche, diría que la escritura. Encuentro pasión en las palabras, y en esa manera tan desesperada que a veces tengo por expresar mis sentimientos o pensamientos.
Además, creo que sigo siendo de las pocas personas que prefieren perderse en el papel y utilizar la tinta, a utilizar un aparato tecnológico. Sin embargo, heme aquí, utilizando mi celular para escribir y publicar una vez más.
El tiempo ha pasado, sí. Ya tengo tres meses viviendo aquí (tal vez un poquito más de 3 meses), ¿y qué ha pasado? Bueno, muchas cosas han pasado. Es difícil centrarme sólo en una.
Para empezar, sigo notando cambios en mí. Eso me encanta. Si me preguntan qué ha sido lo que más me ha gustado de esta experiencia, mi respuesta sería: Conocerme a mí misma. Estar conmigo misma. Tener mi compañía. Amarme de pies a cabeza, por dentro y por fuera.

Como punto número 2 diría esta extraña coincidencia (llámale coincidencia o destino) que me regaló la vida de venir a colocarme a este lugar. Cada vez analizo más, veo las circunstancias de otras personas que aplicaron en el mismo programa de intercambio que yo, y lo fácil y común que es llegar a ciudades tan concurridas como Nueva York, L.A., Chicago, entre otras, y mientras tanto yo estando aquí (North Carolina), y pienso ¿Qué hago aquí? ¿Cómo fue que todo esto pasó? Sigo con esta insistencia mía de encontrar esa respuesta. Claro, sin prisa, pero sí me gustaría saber por qué. Entonces, mientras analizo este lugar, o cómo también lo llamo: mi lugar, es de notar que es considerablemente pequeño. ¿Por qué una chica de México, vendría a caer aquí?
Creo que tengo la respuesta: Por tantos sueños que tengo.
Siempre he sido la soñadora. La imparable, la que nunca se da por vencida.

Después, tuve la suerte de ir una vez más a Wilmington. Qué bonito lugar,. Ni siquiera sé si es una ciudad o un pueblo, o qué es en realidad. ¿Cómo llamarlo? Lo que sí puedo decir una y otra vez es que es encantador.
Además, la playa me enamora. El océano me hipnotiza. Siempre he sabido que tenemos una conexión especial. Compartimos una relación secreta. Eso de andar caminando por la orilla del Mar, sentir que mi corazón se acelera, sentir la sensación de que algo recorre por mi cuerpo, y las pupilas dilatadas al fijarse y perderse en el mar, no es nada normal. Se siente esa vibra. Entre el sonido de las olas, el olor que siempre hay, y la vista tan azul y tan bonita, ¿cómo no perderse en ese lugar?


Y cómo nota adicional (la mejor de todas), soy feliz y estoy encantada con la vida por ponerme a mi persona favorita delante de mí. Aún sigo en busca de las palabras adecuadas para describir esa sensación que tengo. Pero, gracias vida. Gracias por acercarme a esa persona con un alma tan radiante y llena de vida. Gracias, vida. Gracias por acercarme a un gran corazón.
Sigo preguntándome, ¿por qué estoy aquí?
Sé que en algún lugar está la respuesta que aún desconozco.

¡Rapidísimo que pasa el tiempo! En un abrir y cerrar de ojos ya es noviembre. Ya tengo 3 meses viviendo aquí. Entre muchas otras cosas, disfruto y paso gran parte de mi tiempo conociéndome y reflexionando. Aprendiendo y sonriendo. Así que aquí les dejo un resumen breve acerca de mi persona. ¿Quieres saber quién soy?
¿Quién soy?
La Diana de siempre. La que sueña despierta. La que cree en los sueños y en la vida. La Diana que se enamora con cada paso que da, y con cada respirar. La mujer que se pierde mirando el cielo de noche, siguiendo a la luna y conectándose con las estrellas. La Diana que dejó todos sus miedos atrás. La Diana que sonríe y vive. La Diana que es humana y real. Entonces, ¿quién soy? La Diana que se ama a sí misma. La Diana que es imparable, que siempre va un paso adelante. La mujer que tiene un alma libre, un corazón enorme y pura buena vibra.
Entonces… Por si todavía te preguntas quién soy,
Hola, soy Diana. Mucho gusto. Para algunos simplemente Dian. Estoy enamorada de mí misma y de la vida. Sonrío cada día porque todo es más bonito así. Me gusta el chocolate, pero también el café. Así que nada extraño sería que un día, de repente, mi esencia sea así. Me encanta la música, en especial el piano. Me defiendo intentando cantar, sin mucho éxito quizá. Pero disfruto la música. Disfruto la combinación de todos los sonidos al unísono. Me apasiona el arte, eso todo el mundo lo sabe. Me voy más por la historia de Vang Gogh, pero háblame de quién quieras y ahí estaré, atenta e impaciente por aprender. Después, a mis manos se les da eso de usar el pincel, jugar con el agua y los colores: llámese WATERCOLOR, o bien, acuarela. También me gustan los libros. Me gustan las palabras. Me enamoran y encantan las letras. ¿Ya lo habías notado? Creo que sí. No puedo ocultarlo, lo siento. Se ve reflejado sobre todo en esa insistencia mía por querer escribir todo el tiempo y todo lo que siempre siento. En menos de seis meses cumpliré 25 vueltas al sol, un cuarto de siglo. ¡Qué emoción! Me encanta caminar. Me gusta simplemente disfrutar. Estoy en contra de todas las personas que viven en automático. Por el contrario, me acerco a aquellos que son apasionados también. Me gustan los detalles, las cosas pequeñas pero significantes. El olor de la cáscara de un limón. El brillo del mosto en una copa de vino. La sensación del aire fresco rozando cada centímetro de tu piel. El cabello alborotado en conjunto de la brisa del mar. El olor del pasto. El olor de la lluvia. El sabor del café recién tostado. Un beso delicado. Un abrazo sincero. Una mirada. La conexión intangible entre dos personas que se quieren. Eso. Estoy enamorada de las cosas que valen y que hacen la vida el sueño más hermoso. Por si aún te preguntabas quien soy, simplemente soy Diana. Para muchos, una persona rara. Diferente. Poco convencional. Y me gusta, ¿sabes? Porque sé que lo soy. Sé lo que soy. Así que, ve y júntate conmigo. Ríe conmigo. Ama conmigo. Y por fin podré decir: Hola, fue un placer haberte conocido y haber coincido en esta vida contigo.
¿Cómo describirme?
1. Aventurera. 2. Soñadora. 3. Noble. 4. Apasionada. 5. Libre.

Un regalo a mí misma.
Un viaje a la playa para pasar el fin de semana. Qué mejor manera para disfrutar mi propia compañía.


Desde que salí de la casa (antes de las 7 de la mañana), iba súper contenta y emocionada por esta gran aventura. Últimamente se me ha dado mucho eso de hacer cosas tan improvisadas. Realmente planeé este viaje una semana antes! Pensé: ¿Tengo dinero? Sí. ¿Tengo el fin libre? Sí. ¿Tengo las ganas y toda la intención? ¡Claro que sí!
No me importó para nada hacer el viaje sola. Como dije, fue un regalo que me di a mí misma. Además, veía entre sueños, desde hace mucho tiempo, este lugar tan bonito llamado Wilmington.
Así que llegando, lo primero que hice fue ir a Airlies Gardens. Es un lugar tan interesante. Desde el momento en el que llegas, me sentí rodeada por la naturaleza y una vibra súper mística y bonita. El aire era húmedo. El cielo estaba nublado. Pero el lugar estaba hermoso. Ahí le di la bienvenida a la ciudad, y para mis adentros pensé “Qué gusto por fin conocerte”. Y pensé también en lo increíble de todo esto. Digo, después de leer tantos libros que giraban en torno a lugares como este (Háblese de Nicholas Sparks y sus novelas), el hecho de estar presente y consciente en ese lugar fue de lo más bonito que me ha pasado.






La verdad, intenté tomarme como 10 fotos en ese lugar. Mi intento falló. Ya ni porque llevaba el selfie stick, la cámara y mis dos celulares. Lo que me hacia falta era que alguien me ayudara a tomar la fotografía. No fue posible porque, para ser sincera, era la única en ese lugar. (Ja-ja)
Después le di la bienvenida a la playa: Wrightsville Beach.
Y pensé hacía el océano: Hola, soy Diana. Es un placer conocerte desde este punto. Siempre te veía del otro lado del océano. Ahora estoy aquí y estás aquí, y sigues siendo igual de radiante y poderoso.







Crab burger and chips for lunch? Debo admitir que estaba delicioso. Además, no puedo creer que encontré ese lugar. Es especial para mí, y tiene gran significado porque es en dónde se grabó una de las películas de Nicholas. Qué loco, ¿no? ¿Coincidencia?
Me gusta pensar en que vine aquí por una razón.
Y bueno, la verdad es que me enamoré de Wilmington. Es tan bonito caminar en el centro, en especial en lo que le llaman Riverwalk. Se siente cálido, y la vista es de lo mejor. Pude disfrutar un par de horas, tomando un helado de cookie dough, caminando, vagando por las tiendas y descubriendo lugares nuevos.






En mi segundo día me encontré nuevamente con el océano. Tenía una cita pendiente con la playa, así que me dirigí a muy temprana hora por la mañana. El clima pintaba muy mal, pero afortunadamente se compuso conforme pasó el tiempo. Me vi ensimismada admirando las olas del Mar desde el muelle, para después bajar y tomar una larga caminata a orillas Del mar y recolectar conchas. Qué bonita conexión tenemos el mar y yo. Es asombroso.


Hoy es un bonito viernes porque encontré la carta que me escribí a mí misma una semana antes de emprender la aventura de mi vida. Volvió a conmoverme, se me llenaron los ojos de lágrimas, pero más allá de ese sentimiento nostálgico, sentí un amor propio inmenso. Sentí esa satisfacción conmigo misma al leer cada letra de cada palabra. Es por ello que quiero compartir la carta. No hay palabra más pura y no hay significado más sincero que todo esto.
Y aún puedo citar las palabras de Cortázar en una de mis frases favoritas: “Escribir para mí, es hacer el esfuerzo de soñar”
02 agosto 2019
Dian,
En menos de diez días comenzaremos la aventura de nuestros días. Yo sé que puede causarnos nervios de solo pensarlo. Es normal. Sentir es normal. También me imagino que puede darnos un poco de miedo. Eso también es normal. Pero, ¿sabes una cosa? Estoy orgullosa de nosotras: de nuestra valentía, de nuestras ganas de vivir y superarnos también. Sé, por supuesto, que es una experiencia que nos cambiará y marcará por completo. Será como dar un giro de 360 grados. Nueva comida, nueva casa, nueva ciudad, nuevo país, nueva familia, nuevos amigos, nueva cultura y nuevo idioma también. Pero, ¿qué más da? Los cambios siempre son buenos en la vida. Además, déjame decirte algo Dian: tenemos más fuerza de la que creemos, y somos capaces de afrontar cualquier tipo de situación. Somos unas aventureras, y este es uno de nuestros más grandes sueños. Sé que parece como si aún todo fuera un cuento ¿no? Pero, oye! Aquí estamos, listas, a una semana de emprender este hermoso viaje de intercambio de culturas, de descubrimiento de nuestro yo más interno. Y, cómo dije antes, sé que asusta y sé que nos causa un torbellino de sentimientos y emociones por dentro. Es normal. Es hermoso sentir. Así que disfrutemos esto. Disfrutemos este viaje. Dejemos todo el estrés, preocupaciones y cosas negativas atrás, y demos la bienvenida a toda esa fuerza que tenemos. Nos va a ir bien, de eso estoy segura. Nos vamos a sentir bien, lo prometo. Y nunca olvides que el más grande amor que hemos experimentado (además de nuestra familia) es a nosotras mismas. Te amo, Diana. Nos amo. Me amo.
Mucha amor y fortaleza. Xoxo
Diana.
Seguir leyendo «A letter to myself»
Qué bonita, y qué diferente eres, Philadelphia. Me vi encantada al caminar entre tus calles. Me vi sumergida en tanta diversidad y tanta tranquilidad.

Lucky me!

Quiero compartir muchas de las fotos que tomé. Tal vez eso les haga vivir, aunque sea por un momento, un poco de lo que yo sentí al estar ahí.
Menos palabras, más recuerdos y más imágenes.

Tanta belleza. ¿Lo notan? Porque yo sí.



Sigo creyendo que, así como uno llega a ciertos lugares, también ellos mismos, o bien, las personas te buscan y te encuentran. Es como si te siguieran. Es como si estuvieran predestinados a ir a tu encuentro. Y así siento que me pasó con este lugar en Philadelphia. Que si bien es conocido, yo sentí una vibra distinta al estar ahí. Sentí que ese lugar era especial para mí.






I’m in love with you!




Y también estoy segura de algo. Nunca olvidaré la sensación de caminar por tan bonitas calles, de tan encantadora ciudad, sintiéndome libre con cada paso que daba, y sintiendo mi corazón lleno de vida en cada respirar. Gracias vida, gracias Philadelphia. Te veré pronto.


Me enamoré.
Otra vez puedo decir que me enamoré.
Debo confesar que desde que supe que iría a este museo, tenía más o menos una idea de lo que encontraría. Sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando me encontré de frente de una de las más grandes e importantes obras para mí: Sunflowers, –Vincent Van Gogh.

No podía con tanta belleza…
Juro que podría haberme quedaos horas contemplando esa pintura. Claro que no podía por el limitado tiempo que llevaba encima, pero aún así disfruté cada minuto que estuve ahí.
Sentí escalofríos recorrer mi cuerpo. Además, mi corazón latía aceleradamente, y mi respiración un poco entrecortada. Parece extraño, ¿verdad?
¿Quién iba a imaginar que semejante obra de arte me provocaría suspiros y un ligero estremecimiento?
Sólo yo lo sabía.
Es lo que el ARTE produce en mí.
ARTE. ARTE. ARTE.
Y honestamente, creo que este hermoso museo fue mi lugar favorito de toda Philadelphia. Pese a que es una ciudad bonita, tranquila y encantadora, el museo siempre estará en el número 1.

Después, me vi envuelta en el encanto de la sala del impresionismo por un largo rato. Digo, cómo no hacerlo si encontré obras de Claude Monet, Cézanne, Degas, Henri de Toulouse-Lautrec.



Wow. Conmoviste mi corazón una y otra vez, Philadelphia.
Cuánta belleza en tan inmenso lugar.
Sé que visitar ese museo no es para cualquiera. Ir a apreciar el arte es solamente para nosotros, los que suspiramos entre pintura y pintura. Para nosotros, los que vemos más allá y sentimos e imaginamos el mundo qué hay detrás. Para nosotros, los que al sentir el arte, ya no somos los mismos.


Okay, entonces describí un poco acerca de mis experiencias en esta ciudad, pero no terminé. Solo quiero terminar de explicar mi segundo día, ya que no quiero dejar pasar más tiempo.
Después de que hice el checkout en ese lugar tan extraño, busqué un lugar en donde desayunar. Y me topé con un bonito café, muy simple y casual, en donde me tomé un latte (como lo mencioné, me estoy haciendo adicta al café), una copa de frutas y banana bread. Todo estaba deliciosooooo.

Y de hecho, se me hizo padre, ya que el encargado del café (un señor de alrededor 50 años) se mostró muy amable. Me preguntó de dónde soy -cómo muchas de las personas aquí, y me recomendó varios lugares bonitos a donde ir. Que por cierto, me dijo que no era un buen día para ir a la playa, ya que empezaba a hacer más frío y mucho aire, pero yo no lo escuché. Ya tenía la idea metida en la cabeza de querer ir a North Avenue Beach, y así fue.
Tomé un subway en el cual viajé por más de 30 minutes, y después caminé otros 15-20 minutos. Que aún sigo sorprendida de lo fácil que fue para mi moverme en esa ciudad. De verdad que antes me aterraba de solo pensarlo, pero ya estando ahí, simplemente me movía como pez en el agua (ja-ja).


Encontré un bonito parque, “Lincoln Park”, en donde pude sentarme por un rato, tomar fotos, descansar y apreciar la vista. Después me dirigí a la playa. Estoy contenta de haber ido, ya que la vista era espectacular, sin embargo hacía muchísimo frío y yo sentía que me congelaba cada vez más. Por cierto, otra cosa que no fue de mi agrado es que el lugar estaba totalmente solo, y por un momento pensé que algo me pasaría cuando una persona empezó a gritarme “Beautiful” y a caminar en la misma dirección que yo me encontraba. No sabía que hacer, así que corrí y me apresuré por dejar ese lugar. Y bueno, después de sentir el corazón un poco desbocado, me encontré con North Avenue Beach y pensé: Es un placer por fin conocerte.




Amé estar ahí. Amé el sonido del agua. Amé tomar mil fotografías. Amé caminar sobre la arena. Amé cada instante que estuve ahí. Aún cuando mi nariz estaba roja del frío, aun cuando mis manos se veían pálidas y medio moradas, aun cuando el frío sobrepasaba la tela de mi pantalón tan ligero, simplemente valió la pena. Valió cada segundo de cada minuto que estuve ahí.
Ahora lo recuerdo como algo especial.
Después, viendo cómo el frío aumentaba, me vi obligada a comprarme una bufanda enorme. ¿De verdad tuve que hacerlo? Wow, y también comenzaba a llover. Para mí sorpresa, no llevaba paraguas, así que utilicé como refugio el primer McDonald’s con el que me topé y me quedé ahí por casi una hora.

Y luego de un buen descanso, era tiempo de ir al Skydeck. Ya tenía mi ticket, solo era cuestión de dirigirme a aquel lugar. Esperé por más de 30 minutos haciendo fila, pero cuando por fin pude tener acceso al elevador que me llevaría al piso 76, empecé a sentir muchos nervios.
Por más de un momento pensé «Qué rayos estoy haciendo aquí”. Juro que quería regresarme, sabía que estar en una altura tan grande, podría sentirme mareada o sentir ese pánico a las alturas. Pero por otro lado, pensé que, además de ya tener mi ticker, era un reto y algo que tenía que hacer. Así que me armé de valor y subí hasta aquel piso de aquella torre. Se me taparon los oídos y comencé a sentir la diferencia por la altura.



Debo confesar que es la sensación más extraña y aterradora al momento de poner un pie encima de ese balcón. Lo odie con todo mi ser. Prácticamente lo hice por la fotografía y por saber qué ya estaba ahí (ja-) Incluso, las personas se rieron cuando me tocó pasara mí, ya que todos parecían pararse en ese lugar sin ninguna problema y tomar muchísimas fotos, pero cuando fue mi turno, no podía ni voltear a ver el piso, y cuando fue el momento de sentarme, juro que por poco y me tuvieron que haber arrastrado para sentarme ahí. Me imagino que fue muy cómico, de ahí que muchos se rieran, y yo también me reí.
Después de todo, es una experiencia que jamás olvidaré, además de que la foto quedó la mar de bonita. Lucky me.
Entonces, como resumen: AMÉ CADA LUGAR DE CHICAGO. Es una ciudad maravillosa, una ciudad a la que sin duda volvería una y otra vez.
Ya lista en el aeropuerto, ansiosa por abordar, cené un baguette mediterráneo y un chocolate. De cierta manera, ya estaba ansiosa por regresar.


Bye bye Chicago. See you soon! Beautiful Windy City.