More about Chicago.

Okay, entonces describí un poco acerca de mis experiencias en esta ciudad, pero no terminé. Solo quiero terminar de explicar mi segundo día, ya que no quiero dejar pasar más tiempo.

Después de que hice el checkout en ese lugar tan extraño, busqué un lugar en donde desayunar. Y me topé con un bonito café, muy simple y casual, en donde me tomé un latte (como lo mencioné, me estoy haciendo adicta al café), una copa de frutas y banana bread. Todo estaba deliciosooooo.

Y de hecho, se me hizo padre, ya que el encargado del café (un señor de alrededor 50 años) se mostró muy amable. Me preguntó de dónde soy -cómo muchas de las personas aquí, y me recomendó varios lugares bonitos a donde ir. Que por cierto, me dijo que no era un buen día para ir a la playa, ya que empezaba a hacer más frío y mucho aire, pero yo no lo escuché. Ya tenía la idea metida en la cabeza de querer ir a North Avenue Beach, y así fue.

Tomé un subway en el cual viajé por más de 30 minutes, y después caminé otros 15-20 minutos. Que aún sigo sorprendida de lo fácil que fue para mi moverme en esa ciudad. De verdad que antes me aterraba de solo pensarlo, pero ya estando ahí, simplemente me movía como pez en el agua (ja-ja).

Encontré un bonito parque, “Lincoln Park”, en donde pude sentarme por un rato, tomar fotos, descansar y apreciar la vista. Después me dirigí a la playa. Estoy contenta de haber ido, ya que la vista era espectacular, sin embargo hacía muchísimo frío y yo sentía que me congelaba cada vez más. Por cierto, otra cosa que no fue de mi agrado es que el lugar estaba totalmente solo, y por un momento pensé que algo me pasaría cuando una persona empezó a gritarme “Beautiful” y a caminar en la misma dirección que yo me encontraba. No sabía que hacer, así que corrí y me apresuré por dejar ese lugar. Y bueno, después de sentir el corazón un poco desbocado, me encontré con North Avenue Beach y pensé: Es un placer por fin conocerte.

Amé estar ahí. Amé el sonido del agua. Amé tomar mil fotografías. Amé caminar sobre la arena. Amé cada instante que estuve ahí. Aún cuando mi nariz estaba roja del frío, aun cuando mis manos se veían pálidas y medio moradas, aun cuando el frío sobrepasaba la tela de mi pantalón tan ligero, simplemente valió la pena. Valió cada segundo de cada minuto que estuve ahí.

Ahora lo recuerdo como algo especial.

Después, viendo cómo el frío aumentaba, me vi obligada a comprarme una bufanda enorme. ¿De verdad tuve que hacerlo? Wow, y también comenzaba a llover. Para mí sorpresa, no llevaba paraguas, así que utilicé como refugio el primer McDonald’s con el que me topé y me quedé ahí por casi una hora.

Foto de mi bufanda. Al final terminó encantándome y más de 3 personas me dijeron que estaba muy bonita. Me sentí más orgullosa aún.

Y luego de un buen descanso, era tiempo de ir al Skydeck. Ya tenía mi ticket, solo era cuestión de dirigirme a aquel lugar. Esperé por más de 30 minutos haciendo fila, pero cuando por fin pude tener acceso al elevador que me llevaría al piso 76, empecé a sentir muchos nervios.

Por más de un momento pensé «Qué rayos estoy haciendo aquí”. Juro que quería regresarme, sabía que estar en una altura tan grande, podría sentirme mareada o sentir ese pánico a las alturas. Pero por otro lado, pensé que, además de ya tener mi ticker, era un reto y algo que tenía que hacer. Así que me armé de valor y subí hasta aquel piso de aquella torre. Se me taparon los oídos y comencé a sentir la diferencia por la altura.

Debo confesar que es la sensación más extraña y aterradora al momento de poner un pie encima de ese balcón. Lo odie con todo mi ser. Prácticamente lo hice por la fotografía y por saber qué ya estaba ahí (ja-) Incluso, las personas se rieron cuando me tocó pasara mí, ya que todos parecían pararse en ese lugar sin ninguna problema y tomar muchísimas fotos, pero cuando fue mi turno, no podía ni voltear a ver el piso, y cuando fue el momento de sentarme, juro que por poco y me tuvieron que haber arrastrado para sentarme ahí. Me imagino que fue muy cómico, de ahí que muchos se rieran, y yo también me reí.

Después de todo, es una experiencia que jamás olvidaré, además de que la foto quedó la mar de bonita. Lucky me.

Entonces, como resumen: AMÉ CADA LUGAR DE CHICAGO. Es una ciudad maravillosa, una ciudad a la que sin duda volvería una y otra vez.

Ya lista en el aeropuerto, ansiosa por abordar, cené un baguette mediterráneo y un chocolate. De cierta manera, ya estaba ansiosa por regresar.

Pd. Nótese mi cara de cansada y mis ojeras.

Bye bye Chicago. See you soon! Beautiful Windy City.

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