Un regalo a mí misma.
Un viaje a la playa para pasar el fin de semana. Qué mejor manera para disfrutar mi propia compañía.


Desde que salí de la casa (antes de las 7 de la mañana), iba súper contenta y emocionada por esta gran aventura. Últimamente se me ha dado mucho eso de hacer cosas tan improvisadas. Realmente planeé este viaje una semana antes! Pensé: ¿Tengo dinero? Sí. ¿Tengo el fin libre? Sí. ¿Tengo las ganas y toda la intención? ¡Claro que sí!
No me importó para nada hacer el viaje sola. Como dije, fue un regalo que me di a mí misma. Además, veía entre sueños, desde hace mucho tiempo, este lugar tan bonito llamado Wilmington.
Así que llegando, lo primero que hice fue ir a Airlies Gardens. Es un lugar tan interesante. Desde el momento en el que llegas, me sentí rodeada por la naturaleza y una vibra súper mística y bonita. El aire era húmedo. El cielo estaba nublado. Pero el lugar estaba hermoso. Ahí le di la bienvenida a la ciudad, y para mis adentros pensé “Qué gusto por fin conocerte”. Y pensé también en lo increíble de todo esto. Digo, después de leer tantos libros que giraban en torno a lugares como este (Háblese de Nicholas Sparks y sus novelas), el hecho de estar presente y consciente en ese lugar fue de lo más bonito que me ha pasado.






La verdad, intenté tomarme como 10 fotos en ese lugar. Mi intento falló. Ya ni porque llevaba el selfie stick, la cámara y mis dos celulares. Lo que me hacia falta era que alguien me ayudara a tomar la fotografía. No fue posible porque, para ser sincera, era la única en ese lugar. (Ja-ja)
Después le di la bienvenida a la playa: Wrightsville Beach.
Y pensé hacía el océano: Hola, soy Diana. Es un placer conocerte desde este punto. Siempre te veía del otro lado del océano. Ahora estoy aquí y estás aquí, y sigues siendo igual de radiante y poderoso.







Crab burger and chips for lunch? Debo admitir que estaba delicioso. Además, no puedo creer que encontré ese lugar. Es especial para mí, y tiene gran significado porque es en dónde se grabó una de las películas de Nicholas. Qué loco, ¿no? ¿Coincidencia?
Me gusta pensar en que vine aquí por una razón.
Y bueno, la verdad es que me enamoré de Wilmington. Es tan bonito caminar en el centro, en especial en lo que le llaman Riverwalk. Se siente cálido, y la vista es de lo mejor. Pude disfrutar un par de horas, tomando un helado de cookie dough, caminando, vagando por las tiendas y descubriendo lugares nuevos.






En mi segundo día me encontré nuevamente con el océano. Tenía una cita pendiente con la playa, así que me dirigí a muy temprana hora por la mañana. El clima pintaba muy mal, pero afortunadamente se compuso conforme pasó el tiempo. Me vi ensimismada admirando las olas del Mar desde el muelle, para después bajar y tomar una larga caminata a orillas Del mar y recolectar conchas. Qué bonita conexión tenemos el mar y yo. Es asombroso.


