Smiley girl

Hoy decidí seguir sonriéndole a la vida. Al final de todo, es lo mejor que puedo hacer.

Por ejemplo, hoy lunes fue un día pesadísimo. Me desperté a las 6 de la mañana y terminé a las 5 de la tarde. En ratos solo pensaba en mi cama (moría de sueño), en tomar un relajante baño, o simplemente en salir y comprar un café que me levantara y me diera energía.

Otra cuestión: Hoy ni tuve tiempo de arreglarme. Todo el día vistiendo sport, con pantuflas (lo sé, es una extraña combinación pero es súper cómodo jaja), con ojeras en mi cara – como un mapache – y el cabello revuelto por todos lados. ¿Y qué? Hoy decidí que siempre es mejor SONREÍRLE A LA VIDA.

SMILE. SMILE. SMILE.

Y justo con esto recuerdo lo que escribió Julio Cortázar en una de sus más grandes obras (qué buen escritor y qué buen libro, por cierto) «Yo me maté en esa curva. -Dije señalando su sonrisa-«.

Y es que es verdad… Una sonrisa siempre dice más que mil palabras. Una sonrisa es una puerta hacia el alma. Es muy simple. Con ver una sonrisa puedes incluso descifrar la esencia de una persona. ¿Por qué será? Tal vez es una mezcla y combinación extraña/interesante entre la expresión, la risa, la mirada, y lo que transmite todo en conjunto.

No lo sé, pero hay sonrisas que te hacen perderte por completo.

Yo, por ejemplo, ya encontré mi favorita.

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