
Y cómo no enamorarse con una vista tan bonita como esta.
Todos los días, o al menos casi todos desde que estoy aquí, voy a este lugar. Es un lugar mágico para mí, y me parece que ya he hablado de ello en publicaciones anteriores.
Pero es que creo que nadie entiende lo importante que es para mí…
Camino alrededor de 20 minutos para legar a ese lugar, y luego otros 20 de regreso. ¿Y qué? Así esté cansada, haga muchísimo calor, sea de noche o de día, siempre es un buen momento para ir a caminar. Y bueno, desde que me vine a vivir aquí y descubrí ese puente tan bonito, supe que me encantaría apreciar un atardecer.
Recuerdo que mi host mom me dijo que estaría cool verlo pero que de regreso tendría que caminar los 20 minutos en la obscuridad y que posiblemente no era una buena idea.
Pero, hace tres días fue diferente. Hace tres días todo cambió.
Fue un día en el que me sentía sola. No, mejor dicho, me sentía invisible. Las lágrimas salían apresuradamente, y yo no sabía ni a quién acudir. Es de esos pocos momentos que he tenido desde que estoy aquí, en los cuales me doy cuenta que realmente estoy sola. Así viva con una «host family» y muchas veces me hagan sentir como en casa, no tengo a nadie con quién contar o alguien que verdaderamente se preocupe por mí. Es duro, pero es la cruda realidad.
Pero viendo el lado positivo del asunto, cada vez refuerzo el amor propio que tengo. Cada vez hago más grande ese sentimiento de satisfacción de que me siento plena, me siento feliz y me siento estable conmigo misma. Aun cuando haya días en los que me sienta perdida/sola/queriendo llorar un mar de lágrimas/aislada/sin nadie con quien hablar/, me tengo a mí misma.
Y qué mejor que eso, ¿no?
Pero bueno, el punto es que hace tres días mientras salía de mi momento de «tristeza», decidí ir a caminar a mi lugar favorito. Yo sabía que iba a funcionar.
Escuchando mi música favorita, admirando los árboles y el camino. Pensando y analizando ciertos momentos de mi vida. Todo daba vueltas a mi alrededor como un conjunto de elementos sincronizados. Todo parecía ayudar. Y así fue. Llegar hasta el puente, admirar el paisaje, permanecer ahí por casi una hora y apreciar ese atardecer en el que el cielo se torna naranja/rosa, me hizo sentir viva.
Esa fue mi medicina. Era justo lo que yo necesitaba.
No más lagrimas, no más momentos tristes.
No cabe duda que aquella tarde, aun cuando me tocó caminar de regreso entre un camino obscuro sin nadie a mi alrededor, regresé siento otra Diana. Regresé siendo una Diana repleta de energía, repleta de vida y entusiasmo por seguir mi camino.
Y mi camino es aquí.


Pd. Me topé con ese pelícano tan peculiar aquél día. Parecía que estaba al pendiente de la vida. Como observando y no. Parecía estar atento a cada instante, y fue mi compañero de esa tarde.
