El viaje más bonito que hecho por mí, hasta ahora, ha sido en Chicago.
Creo que ya había explicado anteriormente lo pensativa que estaba acerca de este viaje, ¿cierto? No sé por qué lo dudé tanto. Si desde el primer momento que estuve ahí, ya sentía que volaba.
Voy a tratar de explicar o describir lo más parecido a mis sentimientos en aquel lugar.
Para empezar, fue toda una aventura andar por las calles cargando mi backpack (medio pesada). Juro que por un momento la odié con todo mi ser.



Además, lo primero que hice fue dirigirme hacia Navy Pier. Caminé alrededor de 20 minutos, Tomés subway dos veces, y después de un largo rato -sin desayunar, por fin llegué. Primero me encontré con un bonito parque y una bonita vista. Pero lo primero que me sucedió fue que metí mi pie en un charco gigante de lodo. Recuerdo que hasta unas señoras se rieron, y yo, lo único que pensaba en eso momento era como: Gracias Chicago, no tengo ni 1 hora aquí y ya estoy llena de lodo, jaja. Pero equis, me las arreglé para manejar la situación. Era más mi emoción que cualquier otra cosa.
Entonces, después de tomar varias fotografías, por fin tenía delante de mí ese bonito lugar conocido como Navy Pier. ¡No lo podía creer!





Algunas personas me ayudaron a tomar las fotografías. Por un instante pensé “Qué amables”, hasta que después me di cuenta que solo era una manera de acercarse a mí. En ese momento pensé que ya no era coincidencia que más de 3 hombres me invitaran por un café, me preguntaran si estaba viajando sola y quisieran saber más sobre mí. Por supuesto que dije que no. Digo, cómo es eso de aceptarle un café a alguien que ni siquiera conozco. Lo bueno es que obtuve buenas fotos, y también fue gracias a mi selfie stick -que aún debo confesar que me da pena usarlo porque se ve muy extraño, jaja.
Entonces, después de muchas fotos y una larga caminata, encontré un magnífico lugar para mi lunch: Comida mediterránea. Lo disfruté muchísimo, aunque al final no supe si era más el hambre que tenía o realmente estaba muy bueno todo.

Y después de un rato, recuerdo perfectamente ese momento. Volví a sentarme de frente al lago Michigan. Entre la vista súper bonita, el aire fresco, y la buena vibra en el aire, juro que mil sentimientos y emociones pasaron por mí en ese rato. Me sentía feliz, me sentía llena de vida y energía. ¡Qué bonito se siente estar conmigo misma! Amo esa sensación de comodidad y amor hacia mí. Esa confianza y seguridad que he ganado con las experiencias y los años.

Lo único que podía pensar era: Amo esto.
