Moving to USA

Di un cambio radical a mi vida. Después de mucho tiempo de llevar la vida aceleradamente, me detuve y pensé: «Necesito un cambio. Nuevo aire. Nuevo mundo.»

Dediqué horas, desvelos y días enteros entre sueños. Siempre pensando en el «¿y si…? Y heme aquí, viviendo ya el sueño entero.

Así que empezaré describiendo mi gran aventura en NYC. Resulta que dos días antes estaba muy impaciente. Casi me encontraba contando los minutos, con el corazón de par en par, y llena de ilusiones. Empaqué mis maletas, guardé mis cosas, preparé todo lo necesario, y de pronto…. ¡LLEGÓ EL DÍA!! Todo pasó tan deprisa. Juro que en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en la central de autobuses de mi ciudad, dirigiéndome a la ciudad destino para tomar el primer avión. Lo más difícil fue decir adiós. ¿Acaso es imposible decir adiós sin sentir ese nudo en la garganta que te golpea por dentro? Me fui con las lágrimas en los ojos y el corazón encogido. La despedida con mi familia fue muy rápida. De hecho, me atrevería a decir que mientras escribo aun lo recuerdo y se me encoge el corazón. Pero lo hice. Me armé de valor, y salí en busca de mi más grande sueño.

Así que empezaré describiendo mi gran aventura en NYC. Resulta que dos días antes estaba muy impaciente. Casi me encontraba contando los minutos, con el corazón de par en par, y llena de ilusiones. Empaqué mis maletas, guardé mis cosas, preparé todo lo necesario, y de pronto…. ¡LLEGÓ EL DÍA!! Todo pasó tan deprisa. Juro que en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en la central de autobuses de mi ciudad, dirigiéndome a la ciudad destino para tomar el primer avión. Lo más difícil fue decir adiós. ¿Acaso es imposible decir adiós sin sentir ese nudo en la garganta que te golpea por dentro? Me fui con las lágrimas en los ojos y el corazón encogido. La despedida con mi familia fue muy rápida. De hecho, me atrevería a decir que mientras escribo aun lo recuerdo y se me encoge el corazón. Pero lo hice. Me armé de valor, y salí en busca de mi más grande sueño.

El primer viaje se me hizo rápido, ya que dormí casi todo el tiempo. Llegando al Aeropuerto, mi vida se nubló y volvió color gris. ¡Qué difícil fue arrastrar esa maleta de más de 30 kg! La odié con todo mi ser (Ja-Ja). Pero mientras caminaba, mi corazón se aceleraba más. Y en otro abrir y cerrar de ojos ya estaba haciendo la fila para tomar mi primer avión. Tenía casi dos años sin tomar un vuelo, pero debo admitir que me dio tanto miedo porque nunca lo había hecho sola. Creo que para este tipo de cosas o necesitas ser muy «me vale todo», o de plano ser demasiado valiente. Yo elijo la segunda opción para describirme en esos momentos. Así que, mientras esperaba a que despegara el avión, me encontraba sentada, aferrada a mi almohada, con los ojos cerrados y otro nudo en la garganta. Quería llorar otra vez. Pero para mí sorpresa, el vuelo pasó apresuradamente, y en otro abrir y cerrar de ojos, ya me encontraba en el siguiente Aeropuerto, lista y ansiosa por tomar el segundo y más largo vuelo.

Mucho rato me entretuve pensando e imaginando (¡Qué raro en mí!) Y pasando casi 6 horas, le di la bienvenida a NYC desde mi ventana mientras por dentro pensaba: «Qué bonita te ves, es un placer por fin conocerte.» Y de repente, una explosión de emociones se apoderó por completo de mí. No lo podía creer.

Después vinieron horas difíciles. Y cuando digo horas difíciles me refiero a no comida, no baño, no señal en mi celular, y atorada en una fila de más de 100 personas en migración en el aeropuerto JFK. Debo confesar que por otro momento regresaron esas ganas incontrolables de llorar. Miles de sentimientos y emociones, tales como -¿Qué estoy haciendo aquí?- cruzaron mi mente. Realmente me sentía sola, confundida y un poco aterrada. Sobre todo con las maletas. Aún no descubro por qué me causó tanto problema esa maleta. Más allá de tener que pagar el excesivo cargo por sobrepeso, el hecho de arrastrarla siendo tan pesada junto con las demás maletas, era algo que me aterraba. En fin, lo logré y me siento orgullosa de ello. Además, mi tarde se alegró cuando conocí a una peculiar chica en el aeropuerto que resultó ser otra niña que iba al mismo programa de intercambio que yo. Y por dentro me pregunté: ¿Las coincidencias existen? ¡Claro que sí! Y quién iba a saberlo, ella sería mi primera amiga. Wow. De verdad me sentí acompañada.

Después de dos largas horas en un Super Shuttle, por fin pude sentir la buena vibra y la energía de la ciudad de Nueva York. En ese momento pensé: I’m living the dream. Y mientras caminaba por las calles, una vez haber hecho el check-in en el hotel, sentía que no podía creerlo. Qué bonita eres, Nueva York. Supe que me había enamorado. Los edificios tan altos, las mil luces por todos lados, la gente caminando aceleradamente, la diversidad cultural, y la energía tan vibrante que despierta las calles. Wow. Removiste mi corazón una y otra vez en cada paso que daba. Gracias vida.

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